Me despido desde el mirador de Mont-Royal. Desde lo alto, al llegar a la cima de la colina, veo una ciudad abierta, auténtica, amable. Un país que se extiende de norte a sur, hacia el respeto, la integración, la diversidad. Una tierra cuyos máximos preceptos son los que marcan la naturaleza; que se adapta a los gélidos fríos y exprime el estío.
Y desde aquí, zanjamos el adiós a Canadá… O mejor, Hasta pronto!

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