martes, 29 de septiembre de 2009

Paseando...


De camino a casa y con las frías brisas que empiezan a soplar del norte, decido tomar un camino alternativo al de costumbre. Caminando hacia el este, empiezo a deambular por callejones y travesías que me conducen a las afueras del desmesurado Downtown de Montreal, donde las reducidas alturas de los inmuebles aportan un ambiente más genuino de la vida de la ciudad. Café en mano (que siempre algo calentito apetece) la marcha transcurre pasando tiendas, cafeterías, mercados y toda una letanía de atributos afrancesados rematados por los vértices de innumerables iglesias. Curiosamente, Montreal es la ciudad de Canadá con mayor número de templos religiosos donde, paradojicamente, la gran mayoría de población no es catolica. Así, no es de extrañar que los santuarios se hayan convertido en casas privadas, comercios o incluso discotecas.
El largo paseo, siempre escoltado por los altos bloques y el Mont-Royal al fondo, concluye con el Jardín Botánico al término del boulevard. No recuerdo bien si en una de las conversaciones nocturnas con Bernard se mencionó algo sobre el lugar, pero en cualquier caso decido pagar el nada módico precio de 12 dólares para recorrer la tarde que avecina tormenta. Y no es hasta la puesta del sol, momento en que las luces se atenúan, cuando descubro lo realmente impresionante del Jardín Botánico. Aquí, una imagen vale más que mil palabras.

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